"Me maravilla cómo los seres humanos se horrorizan cuando les digo que un topógrafo es un hombre que dibuja topos. Bendito cinismo...¡Si ellos se engañan más y mejor!
Si la vida es un eufemismo en sí misma... Si la muerte forma parte de la vida... Si es verdad todo lo que hemos convertido en tabú...
Si podemos hablar de muchas cosas pero no de otras y no podemos traducir sólo la parte de la palabra que nos interesa... ¿Y qué si la vida es un hombre que dibuja topos? Si somos tres frases en una servilleta perdida en un bar de las afueras" dijo muy enfadada, y se marchó. Nunca he vuelto a saber de ella.
domingo, 19 de enero de 2014
La vida es un hombre que dibuja topos
lunes, 2 de diciembre de 2013
"Me ganó, y ya ves, amor, paradojas del destino, acabamos perdiéndonos sin saberlo"
Todavía me cuesta enfrentarme a su mirada, supongo. Siempre me miraba así como si me estuviera desmontando por dentro. Supongo que miraba así a todas, no porque yo fuera especial, sino porque su forma de mirar era inherente a su persona. No es que mi mente y mi corazón se detuviesen al unísono cuando me miraba, ni mucho menos.
En realidad funcionaban mucho más rápido. Pasaba los segundos-o los minutos- que él dedicaba a mirarme intentando adivinar su próximo movimiento. Pero en fin, la predecible siempre he sido yo.
¿Qué le vamos a hacer, amigo mío, si las manos demasiado ocupadas las unas en las otras no nos dejaron pensar?
Y ahora, que volvemos hablar, de penas, alegrías, nostalgia, "te quise" y "te quería"...
Es fácil idealizar a alguien que te deja con el querer en los labios, con algo que empieza pero que nunca sabrás como terminaría.
Y su media sonrisa cuando sabía que había ganado.
Ganó la batalla, la guerra, las guerras. Me ganó, y ya ves, amor, paradojas del destino, acabamos perdiéndonos sin saberlo.
En realidad funcionaban mucho más rápido. Pasaba los segundos-o los minutos- que él dedicaba a mirarme intentando adivinar su próximo movimiento. Pero en fin, la predecible siempre he sido yo.
¿Qué le vamos a hacer, amigo mío, si las manos demasiado ocupadas las unas en las otras no nos dejaron pensar?
Y ahora, que volvemos hablar, de penas, alegrías, nostalgia, "te quise" y "te quería"...
Es fácil idealizar a alguien que te deja con el querer en los labios, con algo que empieza pero que nunca sabrás como terminaría.
Y su media sonrisa cuando sabía que había ganado.
Ganó la batalla, la guerra, las guerras. Me ganó, y ya ves, amor, paradojas del destino, acabamos perdiéndonos sin saberlo.
martes, 9 de julio de 2013
Tiempo es.
Sé que no volveremos a hablar. Sé que esta conversación solo va a ser uno más de los miles de recuerdos que forman la nube que llevo conmigo. Es imposible meter los recuerdos en una bolsa y dejarlos en el momento en el que deberían quedarse, porque pasarán los inviernos y llegará de nuevo Abril y recordarás cuando empezó todo, y cuando terminó.
Como si esa nube de recuerdos que hizo grises tus noches de septiembre viajara con el viento y se posara encima tuyo, mojándote con algo que ya no existe, haciéndote volver al pasado para, sin ninguna consideración, devolverte al momento que tienes que vivir, con las ideas cambiadas, las heridas abiertas, pero un futuro idéntico.
¿Que si se puede vivir de recuerdos? Está claro que sí. Sólo somos una sombra de lo que fuimos.
Una niebla que cubre las heridas haciéndote creer que son cicatrices es lo que llamamos tiempo.
Tiempo es como el aire que oxida. Curiosos los recuerdos, que aunque sí te oxidan a ti, pocos se oxidan con el tiempo.
Se oxidan las capas superficiales, lo que hace que te olvides de algunas sensaciones, de algunos detalles, de algunos olores. Idealizas las situaciones y las conviertes en tuyas. Pero nunca las olvidas, sólo las transformas. Y dentro de 100 años nadie tendrá en cuanta que cada arruga de tu piel corresponde a una historia que probablemente nadie conoce.
lunes, 8 de octubre de 2012
Un soplo de aire fresco
Fue un soplo de aire fresco, que, como aire que es, tal como viene se va. Ninguno va a gustarte como lo hacía él y, por mucho que te esfuerces, no eres capaz de sentir lo mismo por cualquier otro.
Hay muchos primeros, pero el primero que duele como si quemara cuando se va, es el primero de los primeros.
Y aquí es cuando te das cuenta de que por primera vez estuviste cerca de alguien no solo por pasar el rato y que nunca nada ni nadie podrá sustituirlo.
Los habrá mejores y peores, con diferencia por las dos partes. Los habrá que te gustarán más que él y otros que menos. Unos que merezcas y otros que no.
Los habrá de muchas maneras, pero el primero es el primero.
No me refiero al famoso chico del primer beso, ni al de las manitas, ni todas esas cosas que se consideran lo primero. No me refiero a los primeros tanteos de la vida de los 14 ni a todas esas cosas que nunca vas a olvidar.
Él es el primero que te ha dolido cuando se ha ido y ya no lo has tenido al lado, el primero por el que te has podido pasar horas tumbada en la cama y el primero por el que te has tenido que jurar a ti misma que no ibas a llorar frente al espejo mientras te caían las lágrimas por las mejillas, mientras las recogías rápidamente con la mano, como si así nunca hubieran existido.
No sabías lo que era echar de menos a alguien con la fuerza de necesitar salir corriendo hacia algún lugar, solo por buscarlo, aunque no estuviera. No sabías lo que era la rabia, la impotencia, y, sobretodo, lo difícil que era controlarlas.
No sabías lo que era llorar, primero de rabia y luego, cuando el tiempo hace su labor, sonreír recordando lo que fue con un gran vacío en el estómago. La sensación de mirar al futuro y no contemplar una vida sin buscarle, sin saber de él. La sensación de que te lo encuentras en cada esquina cuando no lo quieres ver.
Hay muchos primeros, pero el primero que duele como si quemara cuando se va, es el primero de los primeros.
Porque es el primero al que has querido.
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