martes, 9 de julio de 2013

Tiempo es.



Sé que no volveremos a hablar. Sé que esta conversación solo va a ser uno más de los miles de recuerdos que forman la nube que llevo conmigo. Es imposible meter los recuerdos en una bolsa y dejarlos en el momento en el que deberían quedarse, porque pasarán los inviernos y llegará de nuevo Abril y recordarás cuando empezó todo, y cuando terminó.
Como si esa nube de recuerdos que hizo grises tus noches de septiembre viajara con el viento y se posara encima tuyo, mojándote con algo que ya no existe, haciéndote volver al pasado para, sin ninguna consideración, devolverte al momento que tienes que vivir, con las ideas cambiadas, las heridas abiertas, pero un futuro idéntico.

¿Que si se puede vivir de recuerdos? Está claro que sí. Sólo somos una sombra de lo que fuimos.
Una niebla que cubre las heridas haciéndote creer que son cicatrices es lo que llamamos tiempo.
Tiempo es como el aire que oxida. Curiosos los recuerdos, que aunque sí te oxidan a ti, pocos se oxidan con el tiempo.
Se oxidan las capas superficiales, lo que hace que te olvides de algunas sensaciones, de algunos detalles, de algunos olores. Idealizas las situaciones y las conviertes en tuyas. Pero nunca las olvidas, sólo las transformas. Y dentro de 100 años nadie tendrá en cuanta que cada arruga de tu piel corresponde a una historia que probablemente nadie conoce.



lunes, 8 de octubre de 2012

Un soplo de aire fresco

Fue un soplo de aire fresco, que, como aire que es, tal como viene se va. Ninguno va a gustarte como lo hacía él y, por mucho que te esfuerces, no eres capaz de sentir lo mismo por cualquier otro.
Y aquí es cuando te das cuenta de que por primera vez estuviste cerca de alguien no solo por pasar el rato y que nunca nada ni nadie podrá sustituirlo.
Los habrá mejores y peores, con diferencia por las dos partes. Los habrá que te gustarán más que él y otros que menos. Unos que merezcas y otros que no.
Los habrá de muchas maneras, pero el primero es el primero.
No me refiero al famoso chico del primer beso, ni al de las manitas, ni todas esas cosas que se consideran lo primero. No me refiero a los primeros tanteos de la vida de los 14 ni a todas esas cosas que nunca vas a olvidar.


Él es el primero que te ha dolido cuando se ha ido y ya no lo has tenido al lado, el primero por el que te has podido pasar horas tumbada en la cama y el primero por el que te has tenido que jurar a ti misma que no ibas a llorar frente al espejo mientras te caían las lágrimas por las mejillas, mientras las recogías rápidamente con la mano, como si así nunca hubieran existido.
No sabías lo que era echar de menos a alguien con la fuerza de necesitar salir corriendo hacia algún lugar, solo por buscarlo, aunque no estuviera. No sabías lo que era la rabia, la impotencia, y, sobretodo, lo difícil que era controlarlas.

No sabías lo que era llorar, primero de rabia y luego, cuando el tiempo hace su labor, sonreír recordando lo que fue con un gran vacío en el estómago. La sensación de mirar al futuro y no contemplar una vida sin buscarle, sin saber de él. La sensación de que te lo encuentras en cada esquina cuando no lo quieres ver.

Hay muchos primeros, pero el primero que duele como si quemara cuando se va, es el primero de los primeros.
Porque es el primero al que has querido.


sábado, 8 de septiembre de 2012

El club de los poetas muertos

Nunca es mal día para recordarle al mundo que debe vivir más y que nada dura eternamente. Por eso hoy, en vez de soltar un rollo sobre que hay que aprovechar el momento, que tienes que vivir como si fueras a morir mañana y todas esas cosas que se suelen decir, voy a dejar que lo hagan otros.
Porque el valor más importante desde siempre ha sido la libertad y el estilo de vida más bonito el "Carpe Diem"
Y eso es lo que plasma la que, tengo que reconocerlo, es una de mis películas favoritas, si no la favorita.
Hoy dejaré que extraigáis las conclusiones que esta película pretende que extraigáis, porque yo no podría hacerlo mejor y sería una falta de respeto.


"No olviden que a pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo
Les contaré un secreto: no leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana; y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, el comercio, la ingeniería... son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida humana. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor son cosas que nos mantienen vivos"

El club de los poetas muertos


miércoles, 22 de agosto de 2012

Para olvidar a alguien tienes que querer hacerlo



Sé que podría acostumbrarme a ti, a tus defectos, a tus virtudes. Sé que podría quererte, todavía no sé como, pero sé que podría aprender.
Sé que tendría paciencia contigo y que te volverías loco en cuanto me dejaras quererte.

Pero ya hace mucho que nos separamos, bueno, la gente dice que no ha pasado tanto tiempo. En verdad, no ha pasado mucho tiempo.
Pero esos pocos días lo son todo cuando pasas las tardes esperando a que de señales de vida y todas las noches recordando sus labios y su sonrisa.
Esos pocos días son una eternidad si estás acostumbrada a los ‘Buenos días, princesa’ y a que te traten como una reina.
Esos pocos días lo son todo cuando quieres a alguien y sabes que ese alguien no piensa nunca en ti.
Joaquín Sabina tardó en olvidar a la mujer que quería 19 días y 500 noches. Si hago la cuenta atrás, ¿Conseguiré olvidarte?
Claro, que la canción ni siquiera dice ‘olvidarte’ dice ‘aprender a olvidarte’ ¿Dónde se aprende eso? ¿Quién te lo enseña?
No sé, no creo que su método me sirva a mí. He hecho la gráfica y es una caída demasiado grande el dejar de echarte de menos en solo 19 días.
Porque dicen que no hay nada peor para olvidarse de alguien que no querer hacerlo.
No, no quiero olvidarme de ti, ¿Por qué iba a hacerlo? Los recuerdos bonitos no deben olvidarse. Solo quiero que dejen de doler. Quiero cerrar la herida, pero conservar la cicatriz.
Porque estamos hechos de eso, de recuerdos, de cicatrices. ¿Qué somos, si no?

Yo creo que hay dos cosas que se deben aprender en la vida. Que no hay que borrar las cicatrices, es una.
La otra, surge aplicando la frase que dice ‘El camino hacia la paz no existe, la paz es el camino’.


Y esto es, si quieres olvidar a alguien, tienes que empezar a olvidarle. No llegarás a poder vivir sin alguien si no quieres hacerlo.
Para olvidar a alguien, tienes que empezar por querer olvidar.

domingo, 12 de agosto de 2012

Hablemos de la tan citada batalla contra el orgullo

¿Pueden las personas ser totalmente objetivas? ¿Sin sentimientos de por medio? Si existe alguien completamente objetivo en este mundo, quiero conocerlo.
Porque tú que te creías objetivo, que pensabas podías cambiar el mundo en un suspiro, que confiabas fielmente en que no necesitabas a nadie para ser feliz; tú que ibas hablando siempre de madurez y de cultura, de comportarse como un adulto y demostrar lo responsable que podías llegar a ser; tú que querías ser el centro de todos porque considerabas que eras totalmente apto para ese puesto...
Tú, tan invencible, tan indestructible... Te encuentras a la hora de comer escondida bajo las sábanas intentando no llorar, intentando no tirarte de los pelos porque no sabes qué hacer ni qué pensar.
Y te das cuenta de que te has equivocado de camino. Que lo más "maduro" en ese momento no es hacer como si nada pasara, posar con la presencia de un mueble y repetir lo bien que estás sola.
No es convencer al mundo de que no necesitas a nadie, que vas a vivir haciendo lo que te da la gana cuando te da la gana porque así lo has escogido.
Te das cuenta que lo que tienes que hacer es dejar de hacer el tonto y aceptar que le echas de menos, que duele porque se ha ido y te ha dejado, que te dio alas y te caíste, que luchaste como la que más y ganaste miles de batallas, pero al final perdiste la guerra.
Y duele, duele aceptar que tú también necesitas que te quieran, y que estás perdida, que tienes las ideas nubladas como un día en Londres y una inteligencia emocional en constante construcción y simultáneo derribo.
Y aceptas que tienes miedo a perderle y a que no se acuerde de ti cuando se despierta... Y te da rabia echarle de menos y aceptar que le necesitas. Querrías darte cabezazos contra la pared hasta que todos esos sentimientos desaparecieran, pero te das cuenta de que ni siquiera sabes en que parte escondida se alojan.



Y entonces llega la parte más importante, cuando te das cuenta de que la batalla más difícil es la de ganar a tu propio orgullo.