sábado, 8 de septiembre de 2012

El club de los poetas muertos

Nunca es mal día para recordarle al mundo que debe vivir más y que nada dura eternamente. Por eso hoy, en vez de soltar un rollo sobre que hay que aprovechar el momento, que tienes que vivir como si fueras a morir mañana y todas esas cosas que se suelen decir, voy a dejar que lo hagan otros.
Porque el valor más importante desde siempre ha sido la libertad y el estilo de vida más bonito el "Carpe Diem"
Y eso es lo que plasma la que, tengo que reconocerlo, es una de mis películas favoritas, si no la favorita.
Hoy dejaré que extraigáis las conclusiones que esta película pretende que extraigáis, porque yo no podría hacerlo mejor y sería una falta de respeto.


"No olviden que a pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo
Les contaré un secreto: no leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana; y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, el comercio, la ingeniería... son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida humana. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor son cosas que nos mantienen vivos"

El club de los poetas muertos


miércoles, 22 de agosto de 2012

Para olvidar a alguien tienes que querer hacerlo



Sé que podría acostumbrarme a ti, a tus defectos, a tus virtudes. Sé que podría quererte, todavía no sé como, pero sé que podría aprender.
Sé que tendría paciencia contigo y que te volverías loco en cuanto me dejaras quererte.

Pero ya hace mucho que nos separamos, bueno, la gente dice que no ha pasado tanto tiempo. En verdad, no ha pasado mucho tiempo.
Pero esos pocos días lo son todo cuando pasas las tardes esperando a que de señales de vida y todas las noches recordando sus labios y su sonrisa.
Esos pocos días son una eternidad si estás acostumbrada a los ‘Buenos días, princesa’ y a que te traten como una reina.
Esos pocos días lo son todo cuando quieres a alguien y sabes que ese alguien no piensa nunca en ti.
Joaquín Sabina tardó en olvidar a la mujer que quería 19 días y 500 noches. Si hago la cuenta atrás, ¿Conseguiré olvidarte?
Claro, que la canción ni siquiera dice ‘olvidarte’ dice ‘aprender a olvidarte’ ¿Dónde se aprende eso? ¿Quién te lo enseña?
No sé, no creo que su método me sirva a mí. He hecho la gráfica y es una caída demasiado grande el dejar de echarte de menos en solo 19 días.
Porque dicen que no hay nada peor para olvidarse de alguien que no querer hacerlo.
No, no quiero olvidarme de ti, ¿Por qué iba a hacerlo? Los recuerdos bonitos no deben olvidarse. Solo quiero que dejen de doler. Quiero cerrar la herida, pero conservar la cicatriz.
Porque estamos hechos de eso, de recuerdos, de cicatrices. ¿Qué somos, si no?

Yo creo que hay dos cosas que se deben aprender en la vida. Que no hay que borrar las cicatrices, es una.
La otra, surge aplicando la frase que dice ‘El camino hacia la paz no existe, la paz es el camino’.


Y esto es, si quieres olvidar a alguien, tienes que empezar a olvidarle. No llegarás a poder vivir sin alguien si no quieres hacerlo.
Para olvidar a alguien, tienes que empezar por querer olvidar.

domingo, 12 de agosto de 2012

Hablemos de la tan citada batalla contra el orgullo

¿Pueden las personas ser totalmente objetivas? ¿Sin sentimientos de por medio? Si existe alguien completamente objetivo en este mundo, quiero conocerlo.
Porque tú que te creías objetivo, que pensabas podías cambiar el mundo en un suspiro, que confiabas fielmente en que no necesitabas a nadie para ser feliz; tú que ibas hablando siempre de madurez y de cultura, de comportarse como un adulto y demostrar lo responsable que podías llegar a ser; tú que querías ser el centro de todos porque considerabas que eras totalmente apto para ese puesto...
Tú, tan invencible, tan indestructible... Te encuentras a la hora de comer escondida bajo las sábanas intentando no llorar, intentando no tirarte de los pelos porque no sabes qué hacer ni qué pensar.
Y te das cuenta de que te has equivocado de camino. Que lo más "maduro" en ese momento no es hacer como si nada pasara, posar con la presencia de un mueble y repetir lo bien que estás sola.
No es convencer al mundo de que no necesitas a nadie, que vas a vivir haciendo lo que te da la gana cuando te da la gana porque así lo has escogido.
Te das cuenta que lo que tienes que hacer es dejar de hacer el tonto y aceptar que le echas de menos, que duele porque se ha ido y te ha dejado, que te dio alas y te caíste, que luchaste como la que más y ganaste miles de batallas, pero al final perdiste la guerra.
Y duele, duele aceptar que tú también necesitas que te quieran, y que estás perdida, que tienes las ideas nubladas como un día en Londres y una inteligencia emocional en constante construcción y simultáneo derribo.
Y aceptas que tienes miedo a perderle y a que no se acuerde de ti cuando se despierta... Y te da rabia echarle de menos y aceptar que le necesitas. Querrías darte cabezazos contra la pared hasta que todos esos sentimientos desaparecieran, pero te das cuenta de que ni siquiera sabes en que parte escondida se alojan.



Y entonces llega la parte más importante, cuando te das cuenta de que la batalla más difícil es la de ganar a tu propio orgullo.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Soy una soñadora, pero no soy la única

No hacemos más que ver anuncios que te ofrecen todo tipo de cosméticos para, al no poder hacerte inmortal, querer que lo parezcas. No hacen más que contarnos cuales son los secretos para poder llegar a los 100 años, cuidarnos y mantenernos frescos como lechugas.
Miles de investigadores buscan alargar la vida de las personas y otros miles de ellos acortar la vida de los objetos para que tengamos que comprar otros nuevos y buscar huecos en la ley con los que poder escaparse de dar garantías.
Miles de personas buscan maneras de ganarse la vida y otras muchas, maneras de conseguir dinero a costa de lo que sea.
Y es que nos da igual vivir 100 años, si vivimos vacíos.
Que no se puede cambiar el mundo dicen, que la sociedad está muy afianzada en todos los aspectos, que las personas están acostumbradas a esto... Que el capitalismo es el único sistema que funciona y que si tienes dinero eres más persona que el que no lo tiene.

¿Pero cómo vamos a cambiarlo todo si lo aceptamos como borregos? Si vivimos con la excusa del "Pero que más da, si lo hago solo yo no va a servir de nada", el "Lo hace todo el mundo" y el "En esta vida hay que ser feliz" para poder gastar nuestro dinero a gusto, malgastar nuestros recursos y hacer lo que nos de la gana sin que nos machaque la conciencia.
¿Y qué le vamos a hacer si permitimos todo porque "hay que respetar lo que piensan los demás"? ¿Dónde quedó aquello de mi libertad acaba donde empieza la del otro?

Pero nos encanta mirarnos el ombligo, buscar la felicidad en descapotables y cremas antiarrugas, ser más que el otro.
Claro que no vamos a arreglarlo todo en un día, claro que la vida verdadera no están en las pantallas que arrojan a la calle las cotizaciones de la bolsa y números y más números.  Claro que la felicidad no está en las cifras del paro ni en las mentiras de los políticos. Claro que no podemos buscar la sencillez en una sociedad donde ser sencillo está penado.
Claro que no vamos a conseguir nada mientras el dinero siga siendo el himno y el camino hacia el éxito.
Claro que no vamos a ver lo bonito que está en mar y lo verde que están los campos cuando llueve si seguimos mirándonos el ombligo.

Pero es triste, es triste escuchar a tus padres decir "Esta es una soñadora. Pues ale, lucha, lucha tú por un mundo mejor que a nosotros ya nos ha decepcionado."
Es lo más triste que puedes escuchar. Y después de eso todavía sigues creyendo que tiene algún arreglo.
Como decía John Lennon "Seré un soñador, pero no soy el único"
Porque si tenemos algo que soñar, es que todavía hay cosas que cambiar.

martes, 12 de junio de 2012

Una sociedad que condena a muerte lágrimas

¿Dónde van los besos que no se dan? Definitivamente, al mismo sitio que los besos dados, no.
Los besos que se dan quedan en el recuerdo, en cajas llenas de fotos, sonrisas y papeles guardadas en un cajón.
Quedan retenidos y jamás son olvidados.
Los besos que no se dan, en cambio, se pierden, pero no vuelan, no son libres, quedan quietos como una cicatriz invisible. Muchas veces son olvidados, pero otras veces duelen más que los que si consiguen escapar, taladrándote por dentro y arañándote por dentro desde la rabia que siempre trae consigo el 'Nunca será lo que pudo haber sido'
Supongo que esos besos se almacenan en el mismo lugar que las sonrisas contenidas, las miradas apartadas por vergüenza o por miedo y las lágrimas que nunca verán la luz.
¿Pero, acaso son esas lágrimas las que mueren, dentro de ti, o mueren aquellas que son derramadas sin remedio? Yo no lo sé.
Solo sé que ninguna lágrima debería morir si no es de alegría y que los besos que no se dan queman como fuego y duelen como agujas hiriéndote la piel. Queman por querer salir y duelen por la frustración de no poder hacerlo y no entender por qué.
Y es que los besos y las lágrimas no entienden de lo que es políticamente correcto y lo que no, no entienden de clases sociales ni de fronteras, no conocen la palabra prejuicio y han olvidado el significado de la palabra tabú.


Por eso, en esta sociedad, a los locos se los encierra, a los niños se los educa, los besos son encarcelados y las lágrimas son condenadas a muerte...
No se puede permitir que la verdad desmonte todo lo que la codicia, la ambición, el poder, la violencia, el miedo y la mentira han conseguido tejer hasta ahora.